Aristón de Quíos. El estoico enemigo de los estoicos. (#149)

29 julio, 2021
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Aristón de Quíos. El estoico enemigo de los estoicos. (#149) - agustinblanco.com
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Aristón de Quíos (306-240 aC), era junto a Cleantes, uno de los dos favoritos de Zenón de Citio para heredar la dirección de la escuela estoica en la Stoá Poikilè de Atenas. Aristón era popular por sus distinguidas dotes de oratoria y persuasión, las cuales le ganaron el apodo de «la Sirena», por tener la capacidad de encantar a su audiencia al igual que las sirenas lo hacían con los marineros.

A Aristón, le gustaba crear alumnos independientes, que pensaran por sí mismos y que tomaran sus propias conclusiones, en lugar de prestar atención continuamente a los preceptos de aquellos que les precedían, como si de una guía se tratase.

Aristón argumentaba que la experiencia de un lanzador de jabalina en los Juegos Olímpicos, es el resultado de su entrenamiento y práctica, no del estudio o la memorización de normas o pautas. Decía:

«Al igual que te vuelves mejor con tu jabalina practicando. Uno que se ha entrenado para la vida como conjunto, no necesita ser aconsejado en particularidades».

Empleando a los grandes atletas como símil, y su gran cantidad de horas de práctica para conseguir automatizar sus gestos deportivos, Aristón pretendía que sus alumnos se centraran en grandes principios con los que guiarse en el camino hacia la virtud, en lugar de una larga lista de especificaciones sobre cómo comportarse en cada situación concreta.

En lugar de memorizar, les instaba a entrenarse y a practicar hasta que la virtud se volviera su segunda naturaleza.

Uno de los temas que mayor controversia le trajeron dentro de la escuela estoica, era su negación en cuanto a que existieran categorías o distinciones de bienes como los indiferentes preferidos o no preferidos como proponía Zenón. En su mente, solo se distinguía entre virtud o vicio. O algo estaba bien o estaba mal; sin medias tintas.

Este argumento le supuso que importantes filósofos posteriores como Crisipo, Cicerón o el mismo Séneca subrayasen que a pesar del talento de Aristón, aquellas declaraciones no eran nada inteligentes, pues el mejor de los atletas, generales o marineros, había aprendido previamente de mentores que conocían el camino mejor que ellos, y que les preparaban para no cometer los mismos fallos que ellos cometieron anteriormente.

Este sería uno de los principales focos de discusión entre nuestro protagonista de hoy y Zenón, cayendo Aristón con frecuencia en el error de «hablar más que escuchar», algo característico de él y que hacía con tanto descaro, que llegaría a conseguir que el mismísimo fundador de la escuela estoica perdiera en una ocasión los papeles y le gritara:

«Eres un charlatán. Me temo que tu padre estaría borracho cuando te engendró».

Zenón de Citio

Gracias a la tinta de Diógenes, hoy sabemos que Aristón desplegaría sus discursos durante largos intervalos de tiempo sin pausa, con no demasiada destreza, pero la suficiente como para asombrar a las mentes débiles e inexpertas en el proceso.

Con el paso de los años Aristón se iría distanciando cada vez más de la escuela estoica, incluso escribiendo un libro criticando a Cleantes, el segundo director de la escuela estoica.

En la historia de este polémico filósofo, encontramos diferentes enseñanzas:

La primera de ellas nos conduce a la esencia del estoicismo; a la toma de acción.

Estudiar y reflexionar sobre todas estas cuestiones es necesario para trazar el rumbo adecuado, pero sin acción, nada tiene sentido.

Nos recuerda también la importancia de vestirnos cada día con una actitud de humildad ante la vida, donde el ego inevitablemente forma parte de nuestra vestimenta, siendo inteligentes si por mucho ruido que haga, le prestamos la justa atención.

Cuestionemos todo sí, pero para encontrar luz en el camino, no para llamar la atención.

Siempre es buena ocasión para repetir la popular cita de Zenón:

«La naturaleza nos ha dado dos orejas y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos».

No lo sabes todo. Es más, la mayor parte de lo que sabes es erróneo o lo estará en los próximos años.

Muestra humildad y escucha a los que saben más que tú. Actúa. Toma acción, pero hazlo aprendiendo y teniendo en cuenta los errores de los que vinieron antes que tú para no volver a repetirlos, aunque los humanos nos empeñemos en ello una y otra vez. Recordemos al gran Pepe Mújica cuando dice que «el ser humano es el único animal que cae en el mismo error una y otra vez».

«El cuán cerca nos hayamos quedado de la virtud en los momentos que importan, determinará la calidad de nuestra vida».

Aristón de Quíos (306-240 aC)

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