¿Cómo conseguir la verdadera libertad? (#92)

10 mayo, 2021
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¿Cómo conseguir la verdadera libertad? (#92) - agustinblanco.com
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La libertad.

Ansiada por muchos, buscada por pocos, entendida por menos.

Nuestra felicidad y bienestar dependen de ella, pues nadie es feliz cuando se encuentra en una situación de manera obligada o que no le es agradable. Sin embargo, para reclamar algo o luchar por ello, quizás deberíamos entenderlo primero, ¿no?

¿Qué entendemos por «Libertad»? ¿Qué es realmente? ¿Y cómo podemos alcanzarla?

Los eruditos de la RAE la definen como:

«la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y no obrar, por lo que es responsable de sus actos».

Normalmente, en el mundo desarrollado occidental, solemos asociar la libertad a un estado en el que nos encontramos, muy supeditado a nuestras circunstancias externas; nuestra relación con los demás, el sistema político por el que somos gobernados, una situación económica que nos condiciona a trabajar de lo que sea,…

No obstante, si nos sumergimos en la historia y buceamos a lo ancho y largo del mundo a través de sus diferentes culturas, religiones y filosofías, encontramos hallazgos muy interesantes y que pueden ayudarnos a comprender y gestionar mejor nuestra propia libertad.

En mi anterior casa en la que estaba de alquiler, recuerdo con especial cariño un cuadro titulado “la felicidad”, en el que contraponía la definición de la misma en el mundo oriental con la de occidente.

Mientras que para nosotros se trataba de un estado temporal fruto de un acontecimiento externo, para los orientales tenía una connotación más dirigida a la actitud;

«Decides ser feliz y lo eres, porque te encargas de moldear tu carácter y forma de ver las cosas para serlo, sin importar lo que pase fuera».

Y curiosamente, indagando acerca de qué entendemos los humanos por libertad y cómo la conseguimos y ejercemos, me he topado con la misma diferenciación;

Unos entienden la libertad como un estado dependiente y relativo a su contexto y circunstancias, y por otro lado; personas con un nivel de consciencia y espiritualidad superior otorgan esa libertad únicamente a lo que ocurre dentro de la mente.

¿Qué es mejor? ¿Qué nos puede proporcionar mayor bienestar?

Veamos qué dicen diferentes sabios y líderes de pensamiento pertenecientes a diferentes momentos históricos y culturas acerca de ello:

En la Amrita-bindu-upanishad,  la más importante de las cinco Bindu-upanishads, libros sagrados del hinduismo situados entre los siglos VIII y IV aC encontramos citas como las siguientes:

«La mente es para el hombre la causa de su esclavitud y de su liberación».

Sankaracharya, uno de los principales pensadores de la India en los siglos VIII y IX aC (788-820 aC) mantenía un discurso similar:

«Una nube es traída por el viento y por el viento se disipa nuevamente. Por la mente se genera la esclavitud y por la mente también la liberación».

Zenón de Citio (336-264 aC), fundador del estoicismo en el año 300 aC decía así:

“Si la sabiduría es el criterio para valorar quién es libre y quien no, el yugo de la esclavitud se desplaza de lo exterior al interior, de lo físico a lo mental“.

Epicteto, esclavo de nacimiento, una de las principales figuras del estoicismo en el siglo I-II dC (55-135 dC) y que ejerció gran influencia sobre el pensamiento del emperador Marco Aurelio nos decía;

“La libertad es la actitud mental de las personas que no se dejan llevar por el desánimo o la frustración porque sus deseos y decisiones proceden de sí mismos y los atañen exclusivamente a lo que pueden conseguir por sí mismos».

La mente, al igual que el cuerpo, puede sufrir el sometimiento, pero también ejercer la libertad. Una persona puede ser físicamente libre y al mismo tiempo estar anímica o mentalmente sometida a crueles yugos psicológicos en forma de deseos, pasiones y apetitos destructivos.

Y viceversa; una persona puede estar físicamente sometida incluso literalmente encadenada, pero ser interiormente libre y no dejarse vencer por la frustración o el desánimo, hasta el punto de sentir que lleva la riendas de su propio bienestar y es responsable de proveerse de aquello que necesita.

Cuando una persona hace o está en algún sitio contra su voluntad, esa situación se vuelve una prisión para ella.

“Nadie que viva con miedo, tristeza o inquietud es libre. Pero quien ha alejado de sí el miedo, la tristeza y la inquietud, mediante el mismo proceso ha alejado también de sí la esclavitud».

Epicteto (55-135 dC)

Este tipo de enseñanzas nos hacen ver que realmente podemos ser esclavos de cualquier cosa o persona, circunstancia y sobre todo; pensamiento o juicio, haciendo que nuestro bienestar, estado de ánimo y comportamiento fluctúen en consonancia. Y al contrario;

Si somos capaces de dominar nuestra mente, impulsos, actitudes y deseos, podemos sentirnos en calma bajo la tormenta, felices ante desgracias, y libres entre cadenas.

Los estoicos, para los cuales la libertad ocupaba un lugar central en su filosofía, consideraban a esta misma como un arquetipo psicológico, no como una marca de estatus o clase social.

A menudo, estamos tan inmersos en nuestra rutina de vida, que renunciamos de manera inconsciente a una de nuestras principales capacidades naturales; «la libertad de decidir y hacer».

La inercia empuja tan fuerte y rápido que se nos olvida que el abanico de posibilidades es infinito, y que siempre nos acompaña, aunque a veces algo resguardada de nuestro intelecto; la libre voluntad.

La libre voluntad de emitir juicios, de gestionar nuestros pensamientos y deseos, y sobre todo, de tomar decisiones, aunque a veces estas parezcan imposibles y muy duras de llevar a cabo.

Ejercer esta libre voluntad con la que todos nacemos y que viene implícita en nosotros, conlleva no desear nada que no dependa de uno mismo, algo difícil de conseguir, pues nuestra mente y apetitos continuamente parecer pedir más y más de manera natural.

No obstante, su práctica y desarrollo nos conduce a un estado mental y a un carácter libre de frustración y desánimo, y libre de hacer lo que se desee porque no se desea nada que no pueda lograr.

Todas las prácticas y disciplinas espirituales están orientadas a obtener esencialmente lo mismo;

la serenidad de la mente y, en última instancia, la liberación, que equivale a la felicidad.

Medita estas cuestiones y la realidad de que nadie tiene sobre ti ningún poder. Nadie puede esclavizarte a menos que tú lo consientas, pues el único «esclavizador» verdadero se encuentra en tu mente.

Si buscamos libertad, debemos dominar los sentidos.

Me gusta contemplar la libertad como una habilidad y actitud a desarrollar, quizás la más importante en el arte de vivir, pues como comentábamos al inicio; nadie es feliz cuando siente que está en una situación que no le gusta; cuando no se es libre totalmente.

¿Y qué significa esto?

Según Epicteto;

“Ser libres significa vivir en armonía con la naturaleza, ser dueños de nosotros mismos, saber controlarnos, convertirnos en ciudadanos del mundo y comportarnos como tal. Significa desear exclusivamente aquello que esté en nuestra propia mano conseguir”.

“Decides ser libre y te desarrollas para ello«.

«Libertad es no ser esclavo de ninguna cosa, necesidad o contingencia. Libertad es atraer a la suerte a una competición leal. El día que comprenda que soy más fuerte que ella dejará de tener poder sobre mí».

Séneca (3-65 dC)

“La mente es el único espacio en el que el ser humano puede ser libre de forma incondicional, soberana y sin restricciones”.

Epicteto  (55-135 dC)

En última instancia, lo que todos ansiamos no es dinero, ni grandes bienes materiales, influencia o poder.

Lo que todos buscamos es ser personas libres y felices, y esto, no lo tenemos que buscar fuera; nos espera dentro de nosotros.

Fuentes empleadas

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