¿Cómo masterizar el arte de cambiar a los demás? (#131)

02 julio, 2021
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¿Cómo masterizar el arte de cambiar a los demás? (#131) - agustinblanco.com
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“Hay ciertas cosas que dependen de nosotros y otras que no. Dependen de nosotros la opinión, las inclinaciones, el deseo, la aversión y, en definitiva, todo lo que son NUESTROS PROPIOS ACTOS.

No dependen de nosotros el cuerpo, las riquezas, la reputación, los cargos y, en definitiva, todo lo que no son nuestros propios actos.

Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, no están sujetas a restricciones ni impedimentos; pero las cosas que no dependen de nosotros son débiles, serviles y están sujetas a restricciones impuestas por la voluntad de otros”. 

Epicteto (55-135 dC)

Estas enseñanzas de Epicteto, el maestro estoico por excelencia de la dicotomía del control son un recordatorio para tratar de llevar la atención a lo que sí podemos controlar, a aquello que se encuentra dentro de nuestro círculo de control, que se limita a nuestros pensamientos conscientes y a nuestros actos.

Donde ponemos nuestra atención ponemos nuestra energía, por lo que cuanta más energía depositamos en lo demás, más supeditaremos nuestro bienestar emocional al azar.

Una de esas cosas que se escapan de nuestro control, en la que invertimos cantidades ingentes de energía y donde permitimos que resida una gran parte de nuestro bienestar es en la popular ocupación de tratar de cambiar a los demás.

En la meditación anterior comentamos la importancia del índice GEEI (gasto de energía emocional inútil) y su relación con la felicidad. Tratar de cambiar a los demás es uno de los comportamientos que más eleva nuestro GEEI, y que rara vez conseguimos con éxito.

Y a pesar de este fracaso casi constante y los dolores de cabeza que le acompañan, ¿quién no lo intenta cada día ?

El psiquiatra y bestseller internacional Augusto Cury (1958) nos recuerda que;

«Nadie cambia a nadie, solo la propia persona se puede transformar. […] Solo la persona puede renovarse». 

Este mismo psiquiatra nos habla de un fenómeno que archiva todas las experiencias en el tejido cerebral sin la autorización consciente del yo; el registro automático de la memoria, más conocido por sus siglas; RAM.

Un rechazo, cualquier ofensa, un tono de voz elevado, una crítica, algún pensamiento perturbador… Todo es registrado en fracciones de segundo por nuestra parte automática del cerebro, formando archivos que cambian el paisaje de la memoria..

Por ello, seamos muy cuidadosos con nuestra manera de dirigirnos y comportarnos con los demás, pues podemos generarles ventanas traumáticas que les afectan más de lo que podemos imaginar al gritar, criticar excesivamente, sermonear, comparar y presionar. 

Kierkegaard (1813-1855), el padre del existencialismo defendía esta misma idea en la que argumentaba que era imposible hacer entrar en razón a alguien de manera directa o impositiva. Por lo que debemos hacerlo de otra manera; por detrás, ayudando de manera sutil a que la otra persona se de cuenta de su error.

¿Y cómo hacer esto?

Veinticuatro siglos antes que Kierkegaard, el sabio Sócrates, siendo consciente de ello, ya masterizaba un elocuente método para conseguirlo. No trataba de imponer sus ideas, sino que ayudaba a sus interlocutores a “dar a luz a su verdad” mediante hábiles preguntas que componían el método socrático o mayéutica, término originario del vocablo griego que significa; técnica de asistir en el parto.

Más reciente a nuestros tiempos, quien marcó un antes y un después en la gestión de relaciones humanas con su bestseller “Cómo ganar amigos e influir a las personas”; Dale Carnegie (1888-1955) nos mostraba “que la manera de ganar una discusión es no teniéndola”, pues por mucha razón que tengas, o por muy lógicos y objetivos que sean tus argumentos, si la persona que tratas de convencer no se da cuenta por sí misma, no hay nada que hacer, y por más que lo trates de conseguir por la fuerza, más se enraizará la otra persona en sus creencias.

Hoy, cuando trates de ejercer influencia hacia afuera, hacia los demás, recuerda que es mejor y más conveniente comenzar por tus adentros.

No puedes decidir qué pensamientos y comportamientos deben tener las personas que te rodean, pero si puedes esforzarte por educarles de manera sutil sin destruirles ni criticarles.

Como nos recordaba Epicteto al inicio; SOLO puedes decidir sobre tus actos; 

Puedes decidir ser amable… 

Ser honesto.

Ser generoso.

Puedes decidir educar en lugar de criticar.

Puedes decidir tardar en responder en lugar de reaccionar al instante.

Puedes agradecer y pagar con una sonrisa a quien te ayuda de la mejor manera que sabe; a la persona que te atiende en el supermercado, al operador que trata de ayudarte con tus problemas, a la camarera que te sirve la comida.

Puedes esforzarte por hacer sentir mejor a los demás tan solo con tu presencia. 

Recuerda la cita de Marco Aurelio (121-180 dC):
«Lo que es bueno para la colmena, es bueno para la abeja».

Aprende y crece cada día

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