En la dosis está la clave; Mitridato, hormesis, ley del umbral y principio de sobrecarga progresiva (#113)

08 junio, 2021
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En la dosis está la clave; Mitridato, hormesis, ley del umbral y principio de sobrecarga progresiva (#113)- agustinblanco.com
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El temor a ser envenenado en un banquete como le ocurrió a su padre, mantuvo a Mitrídates VI (132-63 aC) rey del Ponto, obsesionado con encontrar un antídoto antivenenos.

Este antídoto lo encontró en el mitridato (el cual lleva su nombre al ser popularizado por este mismo monarca), que consiste en una composición de sustancias vegetales y venenos de diferentes animales cuya ingesta frecuente le permitió inmunizarse de tal forma al veneno, que tras ser derrotado por el prestigioso general romano Pompeyo, Mitrídates, al temer ser capturado por el enemigo, intentó suicidarse ingiriendo veneno, pero al estar tan inmunizado, tuvo que recurrir a uno de sus oficiales para que le provocase la muerte con la espada.

Aunque Mitrídates vivió durante los siglos II y I aC, el uso del mitridato se expandió muchísimo durante la Edad Media y se sigue empleando a día de hoy en nuestra propia sanidad, visible por ejemplo, en las vacunas, las cuales contienen una pequeña dosis controlada del propio virus frente al cual nos queremos inmunizar.

Esta propiedad inmunizante e incluso curativa de pequeñas dosis de sustancias perjudiciales que nos producen efectos beneficiosos, se denomina hormesis, concepto habitual en el ámbito de la toxicología, pero que podemos y debemos extrapolar al resto de ámbitos en la vida.

Pues como indica Nassim N. Taleb;

«La hormesis es la norma, y su ausencia nos perjudica».

En el mundo del entrenamiento encontramos dos principios o leyes muy en línea con el mitridato y la hormesis. Se trata de la ley del umbral y del principio de sobrecarga progresiva.

La ley del umbral identifica un umbral en cada persona, el cual se modifica con el tiempo y su nivel de exposición a cada estímulo en cuestión. Para producir una adaptación positiva; para mejorar; la dosis de estímulo que proporcionemos al organismo deberá superar este umbral. Si no lo alcanza el estímulo será insuficiente, pero si se pasa mucho, la adaptación será negativa, provocando en función del estímulo, lesiones, enfermedades o incluso la muerte.

Por tanto, lo más efectivo para mejorar en cada ámbito, sea el que sea, es identificar siempre cuál es la dosis mínima necesaria para mejorar. De esa manera, a la hora aprender, prepararnos o entrenarnos para cualquier cosa, seremos eficientes en cuanto a nuestro tiempo y energía invertidos, a la vez que minimizaremos los riesgos negativos.

Muy a tener en cuenta también para la preparación, entrenamiento y aprendizaje de cualquier tarea; el principio de sobrecarga progresiva, que enuncia, que para que la mejora no cese y se mantenga constante, la exposición al estímulo que nos interese en cada caso, deberá ir aumentando progresivamente.

Ejemplos muy frecuentes de la aplicación de este principio de sobrecarga y exposición progresiva los encontramos fácilmente en el ámbito de la medicina, la rehabilitación, el entrenamiento, el aprendizaje o muchos otros, donde el paciente, atleta, alumno o aprendiz, se enfrenta progresivamente a situaciones más exigentes o complicadas.

Entendiendo estas propiedades, leyes y principios apoyados y avalados por la evidencia científica y llevados a cabo desde hace milenios, a partir de ahora podremos ver con otros ojos aquellos estímulos o situaciones que antes podríamos considerar como perjudiciales o incómodos, como el estrés, la presión, el ejercicio de alta intensidad, el ayuno, la exposición al frío, o situaciones diarias que nos den miedo o vergüenza.

Ten presente que todo, absolutamente todo, en su dosis adecuada, posee efectos muy beneficiosos para nuestro desarrollo intelectual, espiritual y físico. Y si adoptamos esta visión en nuestro día a día, nos daremos cuenta de que continuamente estamos rodeados y se nos presentan nuevas oportunidades de inmunizarnos, de hacernos más fuertes o incluso sanarnos.

«Lo más importante es que ahora podemos ver que privar a los sistemas de estresores, no es algo necesariamente bueno, y puede ser perjudicial, pues estos necesitan cierta dosis de estrés y agitación».

Nassim N. Taleb

Fuentes empleadas

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