¿Cuántas veces te has arrepentido de cómo te has comportado en una conversación? ¿Cuántas veces te has arrepentido de haber causado daño a alguien que quieres tras haberte desahogado soltando todo lo que te pasaba por la cabeza?
Contraatacar y quedarse a gusto es muy fácil. Así actúan los animales; reciben un estímulo ofensivo y reaccionan automáticamente para defenderse.
¿Vamos a poner nuestro comportamiento a su misma altura? No, hombre, no… Podemos hacerlo mejor.
Abraham Lincoln (1809-1865), hombre de fuerte temperamento, cuando se enfurecía con algún subordinado, con alguno de sus generales o incluso con algún amigo, en lugar de desahogarse directamente con esa persona, escribía una extensa carta en la que les explicaba el caso; cuál era su error y qué quería que tuvieran en cuenta la próxima vez.
Después, lejos de enviársela aunque su sangre caliente le incitara a ello; la doblaba y la guardaba en el cajón de su escritorio. Hoy sabemos de esas cartas porque muchas de ellas han llegado a nuestros días.
En esas cartas, él se centraba principalmente en el comportamiento del otro. Algo que por supuesto, escapa de nuestro control. Os propongo lo siguiente:
Los sabios estoicos nos enseñaban que solo podemos controlar dos cosas; NUESTROS PENSAMIENTOS y NUESTROS ACTOS.
Por tanto, empleemos la útil estrategia de Abraham Lincoln, pero en lugar de centrarnos en el comportamiento de la otra persona, analicemos y escribamos sobre el nuestro;
Describamos esa situación de la que nos arrepentimos como si fuéramos un mero observador de lo que ha pasado; de esta manera, será más fácil verlo desde una perspectiva neutral.
Analicemos cómo hemos actuado; qué hemos hecho mal, qué podríamos hacer mejor la próxima vez y qué hemos hecho bien para volver a mantenerlo en la siguiente ocasión que se presente
De esta manera, podremos visualizar cuál sería el comportamiento ideal que nos gustaría llevar a cabo la próxima vez y cuando se vuelva a presentar la ocasión; estaremos preparados.
Cuando una persona está dañada lo que menos necesita son más ataques. Y mucho menos, si la persona de la que se trata es un ser querido. Sobre todo en este caso, muestra empatía, muestra comprensión y muestra un acercamiento sincero. Muestra que realmente le quieres ayudar.
Recuerda, que:
“Detrás de una persona que hiere, siempre hay detrás una persona que ha sido herida”.
Augusto Cury
Preocúpate por aquello que le puede estar causando dolor. Y tratad de buscar juntos una manera para responder cuando ese dolor o trauma vuelva a aparecer.
En nuestro día a día, solemos enfrentarnos en la mayoría de ocasiones a los mismos problemas. Si nos esforzamos de esta forma, cada vez los gestionaremos mejor y eso nos ayudará a mantener la calma con mayor facilidad ante cualquier situación que se presente, y así evitar arrepentirnos después por una mala reacción fruto de nuestros impulsos.
Personalmente, puedo decirte que esta sencilla herramienta, me ha aportado un valor increíble a mis relaciones y a mi bienestar. Este simple ejercicio que puedes realizar en cualquier momento y lugar, no simplemente te ayuda a prepararte para las próximas adversidades, sino que además te alivia y te ayuda a soltar esos pensamientos que de otra manera se irían contigo a la cama.
Ten presente las palabras de Ryan Holiday;
“Nuestra reacción, determina nuestra ofensa”.